La economía argentina muestra recuperación, pero esto no se refleja en la generación de empleo formal. El desacople entre ambos indicadores es lo que inquieta a quienes monitorean el desempeño económico y laboral del país.

Mientras algunos sectores de la actividad económica repuntan, la contratación formal permanece estancada o crece por debajo de lo esperado. Esta falta de sincronización es problemática porque expone una realidad: el crecimiento no necesariamente beneficia a todos ni crea oportunidades laborales para la población en general.

Las implicaciones son concretas y preocupantes. Millones de argentinos que no acceden al empleo formal quedan excluidos de prestaciones básicas: cobertura de salud a través de obra social, descuentos jubilatorios, protección ante despidos. La informalidad, entonces, no es solo un dato estadístico sino una realidad que afecta la vida cotidiana de trabajadores y sus familias.

Tampoco es un problema menor para las finanzas públicas. Menos empleo formal significa menor recaudación de impuestos y contribuciones sociales, lo que limita los recursos disponibles para financiar políticas de bienestar y seguridad social.

¿Cuáles son las razones del fenómeno? Expertos señalan la automatización como uno de los factores; otros destacan cambios en la estructura productiva que demandan menos mano de obra. También influye la incertidumbre empresarial: las compañías, sin certeza sobre la durabilidad del crecimiento, prefieren no expandir sus nóminas de forma permanente.

Para cerrar esta brecha se requieren políticas deliberadas. Incentivos fiscales, programas de capacitación, apoyo a pequeñas y medianas empresas son algunas de las herramientas que podrían estimular la generación de empleo formal. Sin intervención, el desacople seguirá siendo un lastre para el desarrollo inclusivo del país.

Imagen: Yuqi Chen / Pexels – Con informacion de El Cronista

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