El financiamiento en dólares alcanzó un pico histórico en cuatro años. El ratio que vincula créditos en moneda extranjera con depósitos marcó su máximo desde 2019, evidenciando un cambio radical en la estrategia crediticia oficial.
Detrás de este fenómeno está el agotamiento del crédito en pesos. La falta de liquidez en moneda nacional ha llevado al Gobierno a promover la dolarización del sistema crediticio como salida a la contracción financiera.
Esta reorientación abre puertas: empresas paralizadas por la falta de acceso al crédito pueden ahora financiarse. Inversiones que permanecían congeladas pueden avanzar. Los bancos, por su parte, encuentran en el dólar una protección contra los desvíos de la moneda local.
Sin embargo, la medalla tiene otro lado. Los tomadores de crédito en dólares asumen el riesgo cambiario: si el peso pierde valor, sus deudas en términos reales se multiplican. Desde una óptica sistémica, una alta concentración de endeudamiento dolarizado fragiliza la arquitectura financiera ante perturbaciones externas.
La gran pregunta es qué ocurrirá con esta tendencia alcista. ¿Continuará el Gobierno liberalizando las restricciones sobre crédito dolarizado, o ajustará el rumbo conforme emerjan señales de alerta?
Mientras tanto, analistas monitorean con atención cada reporte de crédito en dólares como indicador del pulso de la economía. El Gobierno mantiene su convicción de que esta vía es esencial para romper el ciclo de contracción. Pero la prudencia macroeconómica aconseja vigilancia sobre los riesgos potenciales de una economía crecientemente financiada en moneda extranjera.
Imagen: https://kaboompics.com/ / Pexels – Con informacion de Ámbito





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